El 18 de febrero de 1981, Ángel Parente abrió un pequeño local de 21 m² en el frente de su casa. Con una sola máquina producía ravioles, ñoquis y fideos a razón de 6 kilos por hora. Su experiencia en el rubro venía desde los 14 años, trabajando junto a Isidoro Boch, quien lo motivó a ahorrar y proyectar su propio camino. Ese consejo lo llevó a comprar su primera máquina el 17 de octubre de 1979, antes de inaugurar su negocio.
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Crecimiento y expansión
En 1986, las ventas en el Mercado Central impulsaron la comercialización directa. En 1994, tras un viaje a Italia, incorporó la pasteurización, elevando la calidad y competitividad de sus productos. Con el tiempo, Villa D’Agri se consolidó como una de las fábricas de pastas más importantes del país.
Consolidación internacional
Hoy la empresa cuenta con un equipazo de 300 personas, una capacidad de producción aproximada de 9 toneladas por hora y exporta a mercados tan diversos como Uruguay, Paraguay, Chile, Brasil, Colombia, Gran Bretaña, Estados Unidos y Arabia Saudita. Desde mayo de 2006 su planta funciona en Arieta 4108, San Justo, Buenos Aires, con 9.160 m² de superficie y un procesamiento diario que llega a las 140 toneladas.
La historia de Ángel Parente es la de un emprendedor que supo transformar un pequeño taller casero en una industria con presencia internacional. Su recorrido demuestra cómo la visión, el esfuerzo y la innovación pueden convertir un sueño en un legado que trasciende fronteras.
